miércoles, 22 de mayo de 2013

A Corazón Abierto

Mañana en la mañana abriré tu corazón le explicaba el cirujano a un niño. Y el niño interrumpió: -¿Usted encontrará a Jesús allí? El cirujano se quedó mirándolo, y continuó: -Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo. -Pero cuando abra mi corazón, ¿encontrará a Jesús ahí?, volvió a interrumpir el niño. El cirujano se volvió hacia los padres, quienes estaban sentados tranquilamente. -Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto. Pero, ¿usted encontrará a Jesús en mi corazón? La Biblia bien claro dice que Él vive allí. Las alabanzas todas dicen que Él vive allí.... ¡Entonces usted lo encontrará en mi corazón! El cirujano pensó que era suficiente y le explicó: -Te diré que encontraré en tu corazón. Encontraré músculo dañado, baja respuesta de glóbulos rojos, y debilidad en las paredes y vasos. Y aparte me daré cuenta si te podamos ayudar o no. - ¿Pero encontrará a Jesús allí también? Es su hogar, Él vive allí, siempre está conmigo. El cirujano no toleró más los insistentes comentarios y se fue. Enseguida se sentó en su oficina y procedió a grabar sus estudios previos a la cirugía: aorta dañada, vena pulmonar deteriorada, degeneración muscular cardiaca masiva. Sin posibilidades de trasplante, difícilmente curable. Terapia: analgésicos y reposo absoluto. Pronóstico: tomó una pausa y en tono triste dijo: muerte dentro del primer año. -entonces detuvo la grabadora -Pero, tengo algo más que decir: ¿Por qué? -pregunto en voz alta-¿Por qué hiciste esto a él? Tú lo pusiste aquí, tú lo pusiste en este dolor y lo has sentenciado a una muerte temprana. ¿Por qué? De pronto, Dios, nuestro Señor le contestó: -El niño, mi oveja, ya no pertenecerá a tu rebaño porque él es parte del mío y conmigo estará toda la eternidad. Aquí en el cielo, en mi rebaño sagrado,ya no tendrá ningún dolor, será confortado de una manera inimaginable para ti o para cualquiera. Sus padres un día se unirán con él, conocerán la paz y la armonía juntos, en mi reino y mi rebaño sagrado continuará creciendo. El cirujano empezó a llorar terriblemente, pero sintió aun más rencor, no entendía las razones. Y replicó: Tú creaste a este muchacho, y también su corazón ¿Para qué? ¿Para que muera dentro de unos meses? El Señor le respondió: -Porque es tiempo de que regrese a su rebaño, su tarea en la tierra ya la cumplió. Hace unos años envié una oveja mía con dones de doctor para que ayudara a sus hermanos,pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador. Así que envié a mi otra oveja, el niño enfermo, no para perderlo sino para que regresara a mí aquella oveja perdida hace tanto tiempo. El cirujano lloró y lloró inconsolablemente. Días después, luego de practicar la cirugía, el doctor se sentó a un lado de la cama del niño; mientras que sus padres lo hicieron frente al médico. El niño despertó y murmurando rápidamente preguntó: -¿Abrió mi corazón? -Si -dijo el cirujano- -¿Qué encontró? - preguntó el niño - - Tenías razón, encontré allí a Jesús.

La vida es una cajita de sorpresas

La historia dice que hace algún tiempo un hombre castigó a su hija de 5 años de edad por desperdiciar un rollo de papel dorado para envolver que era muy caro. El dinero estaba escaso y él se enojó aun más cuando la   niña  pegó el papel dorado para decorar un caja y ponerla debajo del árbol de Navidad. Sin embargo, la niñita le trajo la caja de regalo a su padre la   mañana siguiente y le dijo: "Esto es para ti, papito".
El padre estaba avergonzado por su anterior reacción exagerada, pero su enojo apareció de nuevo cuando encontró que la caja estaba vacía.
Le habló a su hija de una manera recia: "¿No sabes, jovencita, que cuando das un regalo a alguien, se supone que debe haber algo dentro del paquete?".
La niñita lo miró con lágrimas en sus ojos y le dijo: "Oh, papito, no está vacía. Le puse besitos hasta que se llenó"...
El padre estaba deshecho. Cayó de rodillas y abrazó a su pequeña hija, y le rogó que lo perdonara por su enojo innecesario.
Un accidente le quitó la vida a la niña solo un poco tiempo después, y se   dice que el papá conservó la caja dorada junto a su cama por todos los años que le quedaron de vida. Y cuando él estaba desanimado o enfrentaba problemas difíciles, abría la caja y tomaba un beso imaginario y recordaba el amor que la niña había puesto ahí.

sábado, 13 de abril de 2013

Una canción que salvó vidas y convirtió corazones

Una noche clara y serena, subía un vaporcito la corriente del Potomac, en América del Norte. La naturaleza estaba en calma, y sólo el ruido de la máquina de vapor quebrantaba el silencio de la noche. "Cantad alguna cosa, señor Sankey", dijeron algunas personas al célebre compañero y amigo de Moody, que estaba a bordo. "¿Cantar?" Respondió Sankey. "No sé mas que himnos". "Pues bien, un himno, por favor", dijeron todos. Sankey, se arrimó a la gran chimenea, se quitó el sombrero, y concentrándose algunos segundos en pie, comenzó a elevar un canto precioso. Su voz se elevaba pura, espléndida, emocionante; una de estas voces cuyos acentos deben llegar hasta el trono de Dios. Había escogido el popular cántico "Jesús, sé mi fortaleza". El silencio era profundo y cuando se extinguió la nota final del himno, todos los creyentes estaban estáticos bajo la impresión del cántico. De repente, de la extremidad del vapor, un hombre tostado por los rayos del sol, con aspecto de bandido se adelante hacia Sankey, y con voz entrecortada, sobrecogido, le dice: "¿Sirvió usted en el ejército del Sur?" - Aludía a la guerra entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos, en los años 1861 a 1865. "Sí", respondió Sankey. "¿Estuvo usted en tal batallón y en tal regimiento?" "Sí, sí pero ¿por qué estas preguntas?" "Escuche usted, ¿no estuvo usted en los puestos avanzados en la noche del plenilunio de mayo de 1862?" "Sí, allí estuve, me acuerdo perfectamente". "Y yo también", dijo el hombre de tez bronceada. Aquella noche fue para mí la más extraordinaria, la más memorable de mi vida, y de la de usted también señor, a pesar de que no sabe nada al respecto. Yo servía como usted en esa guerra, en el ejército del Norte, enemigo vuestro. Estaba yo en los puestos de avanzada aquella noche, cuando al resplandor de la luna vi a un hombre, un enemigo. -¡Ah, ah joven!,- dije, - tú por lo menos no escapas. Pobre hombre, no tiene mas que segundos de vida. - Tenía su cabeza descubierta y yo me ocultaba en la sombra. Mis dedos ya se posaban en el gatillo. El bulto hizo movimiento, levantó sus ojos fijándose en una pequeña estrella que brillaba en el cielo, y empezó a cantar... ¡Qué queréis! cada uno tiene sus flaquezas, la mía es gustarme apasionadamente la música. ¡Oh, qué voz tiene este condenado! Dejémosle vivir dos o tres minutos- dije para mí y siguió cantando: "Jesús, sé mi fortaleza". Cuando llegó a la segunda estrofa, noté que algo me sujetaba; yo no sé lo que fue, pues nunca sentí cosa igual; yo estaba perturbado. Debo decirle a usted que cuando era niño mi madre me cantaba este cántico. Ella murió muy joven, si hubiese vivido más tiempo, yo sería otro hombre. Y he aquí en aquel momento, durante aquella noche de luna llena, repentinamente sentí como un beso en mi frente, como en los tiempos en que era niño. Esto me tocó el corazón. Es su espíritu, pensé, ella está aquí, ha venido para impedirme que tirara sobre este creyente, ahora expuesto al cañón de mi fusil. Hubo aún más; una voz me decía con fuerza: este Jesús debe ser fuerte y poderoso para salvar a este hombre de muerte tan segura. Y cuando le he visto a usted ahora, como en aquella noche, con la cabeza descubierta, al resplandor de la luna cuando he oído el cántico, el cántico de mi madre, mi corazón se ha enternecido. "La primera vez quedé bien impresionado; ahora estoy enteramente decidido. ¿Quiere usted ayudarme a encontrar a este Jesús que es tan poderoso, y que le ha enviado dos veces cerca de mí, sin duda para hacerme cambiar de camino?". Sankey abrió los brazos y los dos hombres se abrazaron temblando de emoción. El canto de un himno salvó la vida de un hombre y cambió la vida de otro.