martes, 21 de abril de 2015

¿Cómo crecemos?

Crecerás cuando te decidas a cambiar interiormente y aprendas a dar frutos. Todo ser humano es capaz de crecer interiormente cuando: - No hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe. - Acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla. - Acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo. - Asimila lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir. - Se supera, se valora, y sabe dar frutos. - Abre camino dejando huellas, asimila, experiencias… ¡Y siembra raíces!. - Se impone metas, sin importar comentarios, ni prejuicios; cuando da ejemplo sin importarle burlas, ni desdenes; cuando cumple con su labor, sin importarle los otros pareceres. - Se es fuerte por carácter, sostenido por formación, y sensible por temperamento….! Y humano por nacimiento!. - Enfrenta el invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo. - Es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse, con residuos de flores….! Y de encenderse con residuos de amor…! - Ayuda a sus semejantes, se conoce a sí mismo y da a la vida más de lo que recibe. - Se planta para no retroceder… Cuando se defiende como águila para no dejar de volar….! Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella. Entonces… ¡Uno crece!

Cuando callas

Guardar silencio puede ser una muestra de sabiduría y prudencia, pero también un signo de temor y complicidad. Cuando callas, también hablas de ti mismo. Cuando callas un secreto, conozco tu fidelidad de amigo. Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza. Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu impotencia y tu respeto. Cuando callas ante la injusticia, conozco tu miedo y tu complicidad. Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y dominio. Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría. Cuando callas ante los fuertes y poderosos, conozco tu temor y cobardía. Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia. Cuando callas tus propios meritos, conozco tu humildad y grandeza. El Silencio es el tiempo donde el sabio medita, La cárcel de la que huye el necio Y el refugio donde se esconden los cobardes. Siembra para ser tú mismo… George Eliot (1819-1880)

Una historia de milagros

Todos los días suceden milagros, tener vida es uno de ellos… res personas iban caminando por una vereda de un bosque; un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante -alumno del Sabio-. Fue entonces cuando el poderoso dirigiéndose al Sabio dijo: - Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que incluso puedes hacer milagros. - Soy una persona vieja y cansada… ¿Como crees que yo podría hacer milagros? -respondió- - Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos… esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso. - ¿Te referías a eso?… Tú lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso… no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo. - Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces… muestrame un milagro para poder creer en tu Dios. Ante la insistencia de aquél hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó: - ¿Esta mañana volvió a salir el sol? - Si, claro que si. - Pues ahi tienes un milagro….. el milagro de la luz. - No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra…. mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas. - ¿Quieres un verdadero milagro? No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos dias?. - ¡Si! Fue varón y es mi primogenito. - Ahi tienes el segundo milagro…. el milagro de la vida. - Sabio, tu no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro… - ¿Acaso no estamos en época de cosecha? Hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo habia tierra… - Si, igual que todos los años. - Pues ahí tienes el tercer milagro… - Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero… Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló: - Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podia hacer por ti… Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer. Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, soplo sobre el y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado: - Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo? - Lo que el buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno… no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. Cuando aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido. Entonces te darás cuenta de que Su Misericordia sobrepasa con sus milagros más de lo que tú podrías imaginar o pedir. http://encuentra.com/reflexiones_de_valor/una_historia_de_milagros_14366/