viernes, 13 de marzo de 2015

¿Qué piensa Papa Francisco sobre uniones homosexuales?

Pope Francis - General Audience 15-10-2014 - 04 - Antoine Mekary No es la primera vez que se levanta una gran polvareda en la Iglesia con motivo de la discusión de alguna cuestión teológica, moral o pastoral. La novedad, sin embargo, está en la capacidad de los medios de comunicación para difundir y amplificar el contenido del debate y, también, el interés particular que ha despertado el Papa Francisco. Esta atención al Vaticano alcanza hoy a lugares impensables, precisamente porque algunos sectores de la población que sólo miraban a la Iglesia para tirarle piedras, tienen ahora la esperanza de que determinados cambios en su estructura y mensaje les pueda abrir una puerta de acogida que en otros momentos, de manera justificada o no, consideraban cerrada a cal y canto. El tema de las uniones homosexuales, como el de la aceptación al sacramento de la Eucaristía de los divorciados que ahora conviven con otra persona, ha sido en gran medida una de las causas de este renovado interés por la vida interna del pueblo de Dios. Desde mi punto de vista, como ya he señalado, este tipo de reflexiones no me parece un aspecto negativo sino que, más bien, es un requisito indispensable para que la Iglesia mire al mundo con una actitud de madre comprensiva y cariñosa que desea, desde Cristo, no dar la espalda a lo humano y a sus aspiraciones y deseos en cada momento histórico. No es tan positivo que los medios no se hayan esforzado suficientemente, a mi juicio, por comprender cuál es la visión que el Papa tiene de estas cuestiones, y que puede encontrarse con algo de trabajo buceando en sus intervenciones y escritos como Pontífice y, anteriormente, como Arzobispo de Buenos Aires y Primado de Argentina. Desde Aleteia.org vamos a intentar que el lector pueda comprender, lejos de interpretaciones interesadas y puntos de vista particulares o ideológicos, qué es lo que nuestro Papa ha expresado sobre estos temas y otros y, en esta ocasión, en relación a la unión entre personas del mismo sexo. En el año 2010 Jorge Bergoglio envió una carta muy explícita a Justo Carbajales, que era entonces Director del Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina. El motivo de la misiva era la declaración de la comisión Episcopal de Laicos de dicha Conferencia Episcopal sobre la posible aprobación de la ley de matrimonio para personas del mismo sexo por parte del gobierno del país. ¿Cuál es la posición que Bergoglio adopta en esta conversación epistolar? En primer lugar señala su apoyo a la iniciativa de esta comisión, que considera ha sido "expresión de la responsabilidad del laicado" en tanto que "ciudadanos". Al mismo tiempo Bergoglio está preocupado porque este tipo de acciones no se tomen "contra nadie", porque no se ha de juzgar a quienes piensen y sientan de manera diferente. La actitud de la carta es clara. Se insiste en que la Iglesia no debe contraponerse a nadie, sino abrir sus brazos a todos, sea cual sea su sensibilidad y concepción de la sexualidad. Muy al contrario, es muy consciente de que la construcción de una nación requiere evitar la exclusión de la diferencia e incluir a "la pluralidad y la diversidad". Al mismo tiempo sería un error de razón, de lógica y de justicia, "igualar lo que es diverso", porque no nos encontramos, considera, ante una cuestión meramente lingüística, sino antropológica, ya que "la esencia del ser humano tiende a la unión del hombre y de la mujer como recíproca realización, atención y cuidado, y como el camino natural para la procreación." Este carácter esencial, que es anterior al estado y a la propia Iglesia, es la base, continúa, del matrimonio, que es a su vez base de la familia como célula de especial relevancia social. Por eso la aprobación de un proyecto de ley que igualase la unión homosexual y el matrimonio "significaría un real y grave retroceso antropológico". Textualmente podemos leer que "no es lo mismo el matrimonio (conformado por varón y mujer) que la unión de dos personas del mismo sexo. Distinguir no es discriminar sino respetar; diferenciar para discernir es valorar con propiedad, no discriminar." Porque si es necesario para construir la pluralidad respetar y valorar lo distinto es contradictorio pretender minimizar las diferencias humanas fundamentales. Al contrario, el reto es mirar a los ojos la diferencia, acogerla y amarla sin miedo y asumiendo sus consecuencias. Bergoglio no descuida otro de los argumentos que considera importantes y que es el derecho del niño a tener un padre y una madre, aspecto decisivo de cara a su crianza y educación. Hemos cuidar no dejar de lado el carácter "prioritario" de este derecho si no queremos cometer una injusticia. Finalmente reitera su deseo de que la defensa de una verdad de la que el cristiano no es dueño, sino servidor, no conlleve ningún tipo de agresividad o violencia contra el hermano, por lo que recuerda, como tantas veces ha hecho, la importancia de sostener una actitud de mansedumbre. En las últimas semanas ha habido teólogos, filósofos y algunos miembros del Pontificio Consejo para la Vida que se han mostrado preocupados por el afecto público que el Papa Francisco ha mostrado a distintas personas homosexuales y transexuales y han pedido una aclaración sobre su postura ante estas situaciones. Creo que no existe ninguna confusión en este punto: el Papa acoge y ama sinceramente al que se siente distinto, al que vive con orgullo, o con sufrimiento, una sexualidad que puede considerarse minoritaria y que en muchos momentos ha acarreado y acarrea aberrantes situaciones de discriminación. Otra actitud sí que sería injustificable en un cristiano y esto no significa que esté de acuerdo con la visión ideológica que pueda mantener cualquiera de las muchas personas que el Papa recibe o con las que habla. No nos equivoquemos: si anteponemos requisitos al amor es que estamos anteponiendo nuestras manías y teorías a Cristo. Ofrecemos a continuación la carta que el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio escribió sobre el argumento: "Al Sr. Dr. JUSTO CARBAJALES Director del Departamento de Laicos Conferencia Episcopal Argentina Suipacha 1032 1008 – BUENOS AIRES Querido Justo: La comisión Episcopal de Laicos de la CEA, en su carácter de ciudadanos, tuvo la iniciativa de realizar una manifestación ante la posible sanción de la ley de matrimonio para personas del mismo sexo, reafirmando –a la vez- la necesidad de que los niños tengan derecho a tener padre y madre para su crianza y educación. Por medio de estas líneas deseo brindar mi apoyo a esta expresión de responsabilidad del laicado. Sé, porque me lo has expresado, que no será un acto contra nadie, dado que no queremos juzgar a quienes piensan y sienten de un modo distinto. Sin embargo, más que nunca, de cara al bicentenario y con la certeza de construir una Nación que incluya la pluralidad y la diversidad de sus ciudadanos, sostenemos claramente que no se puede igualar lo que es diverso; en una convivencia social es necesaria la aceptación de las diferencias. No se trata de una cuestión de mera terminología o de convenciones formales de una relación privada, sino de un vínculo de naturaleza antropológica. La esencia del ser humano tiende a la unión del hombre y de la mujer como recíproca realización, atención y cuidado, y como el camino natural para la procreación. Esto confiere al matrimonio trascendencia social y carácter público. El matrimonio precede al Estado, es base de la familia, célula de la sociedad, anterior a toda legislación y anterior a la misma Iglesia. De ahí que la aprobación del proyecto de ley en ciernes significaría un real y grave retroceso antropológico. No es lo mismo el matrimonio (conformado por varón y mujer) que la unión de dos personas del mismo sexo. Distinguir no es discriminar sino respetar; diferenciar para discernir es valorar con propiedad, no discriminar. En un tiempo en que ponemos énfasis en la riqueza del pluralismo y la diversidad cultural y social, resulta una contradicción minimizar las diferencias humanas fundamentales. No es lo mismo un padre que una madre. No podemos enseñar a las futuras generaciones que es igual prepararse para desplegar un proyecto de familia asumiendo el compromiso de una relación estable entre varón y mujer que convivir con una persona del mismo sexo. Tengamos cuidado de que, tratando anteponer y velar por un pretendido derecho de los adultos dejemos de lado el prioritario derecho de los niños (que deben ser los únicos privilegiados) a contar con modelos de padre y madre, a tener papá y mamá. Te encargo que, de parte de Ustedes, tanto en el lenguaje como en el corazón, no haya muestras de agresividad ni de violencia hacia ningún hermano. Los cristianos actuamos como servidores de una verdad y no como sus dueños. Ruego al Señor que, con su mansedumbre, esa mansedumbre que nos pide a todos nosotros, los acompañe en el acto. Te pido, por favor, que reces y hagas rezar por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen santa te cuide. Fraternalmente, Card. Jorge Mario Bergoglio s.j. http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/que-piensa-papa-francisco-sobre-uniones-homosexuales-2-5908314453966848?page=2

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